He sido madre durante trece años, esto es lo que le diría a mi antiguo yo

Abrumada. Así es como me sentía.

Mientras mi precioso bebé yacía en mis brazos, mirándome con sus inocentes ojos y su suave sonrisa, no podía deshacerme de la molesta idea: “¿Seré capaz de hacer esto bien?”

Es un sentimiento que me perseguiría en los años venideros.

He sido madre durante trece años, esto es lo que le diría a mi antiguo yo

Porque más que con cualquier cosa que hubiese hecho en el pasado, no quería estropear esto. Quería que esto de ser madre fuera perfecto. ¿Pero cuál era la definición de “perfecto”?, no estaba segura.

Si hubiera un manual, pensé. O mejor aún, ¿y si pudiera viajar al futuro para ver si todo salió bien?

Ahora que estoy en “ese futuro”, ¿qué me diría a mí misma ahora, qué debería hacer de manera diferente? ¿Qué errores intentaría no repetir? ¿Y qué volvería a hacer otra vez?

Si pudiera retroceder en el tiempo hasta cuando era una madre novata, estos son los consejos de crianza que me daría a mí misma

Trece años después, aún no tengo todas las respuestas, y muchas de esas preguntas permanecerán abiertas hasta dentro de muchos años. Pero a medida que mis hijos maduran y que yo maduro como madre, hay algunas cosas por las que me gustaría poder volver atrás en el tiempo y decirle a mi antiguo que hiciera de otro modo.

Madre durante trece años, esto es lo que le diría a mi antiguo yo

Deja que su individualidad brille

Tu hijo es único. Depende de ti descubrir quién es, no moldearlo para lo que tú crees que debería ser. Déjalo libre para descubrirse a sí mismo, libre, especialmente, de tus propias expectativas. Le permitirás volar mucho más alto que si tratas de dirigirlo hacia donde crees que debería ir.

Habla menos, escucha más

leer cuentos con los niños

Los niños anhelan ser escuchados y comprendidos. Escuchar activamente a tus hijos puede ser mágico. Aprende esta habilidad e intenta usarla siempre que sea posible.

Los niños nos llevan al límite. Supéralo

Tu hijo te desafiará. Argumentará, gritará y, a veces, hará cosas que sabe que no debe hacer. Es lo que hacen los niños. Así es como aprenden. Intenta no ofenderte. No es algo personal contra ti, simplemente, es así.

Los niños no son traviesos a propósito

Criar a tu hijo será mucho más fácil una vez que reconozcas esta verdad: tu hijo no está contra ti. Los niños se quejan cuando tienen hambre, están cansados, confunden el mundo que los rodea o sienten una falta de conexión contigo. No siempre es fácil, pero si tratas de descubrir qué es lo que realmente motiva el comportamiento y lo abordas, el comportamiento cambiará.

No te preocupes por las cosas insignificantes

En serio, no lo hagas. Hacer la tarta de cumpleaños perfecta, mantener la casa perfectamente limpia y organizada, llegar a todas partes a tiempo (y enfadarte cuando los niños nos retrasan)… a la larga, nada de esto importa. Realmente, no importa nada. El tiempo es oro. No lo desperdicies agonizando por cosas de las que te olvidarás dentro de unos meses. Y especialmente no dejes que estas cosas causen fricción en tu relación con tu hijo.

Empieza a decir más veces “sí”

Ser más feliz en familia

Deja de tratar de limitar a tus hijos. Intenta decir “sí” a la mayoría de las cosas. Como cavar en la tierra, coger bichos de bola o poner lechuga, mostaza y queso de cabra en el pan. Los niños exploran y prueban. Es lo que hacen. Decir “no” limita su curiosidad. Guarda el “no” para cuando sea importante. Como correr hacia una calle concurrida o jugar con cerillas; e incluso esto último, puede hacerse con ayuda, enséñale por qué es peligroso hacerlo solo, no le digas simplemente ¡NO!.

Menos es a veces, más

Pasa tiempo con tu hijo, sí, pero también dale espacio para aburrirse. Es increíble lo que los niños inventan cuando tienen tiempo de inactividad para imaginar y explorar. Además, ten en cuenta que al igual que tú, tu hijo necesita tiempo para sí mismo. Le ayuda a recargarse y enfrentar el mundo a su manera.

Los niños cambian constantemente

El crecimiento y la madurez pueden llevar tiempo y son esporádicos. Piensa que cada niño sigue su propia línea de tiempo. Y, sobre todo, no te dejes atrapar por las comparaciones. El niño que va “por delante” de tu hijo hoy, podría ir “por detrás” dentro de un año, o viceversa. Cada niño es único. Asegúrate de que tus hijos entiendan esto también.

Relájate

Los niños son resistentes. Ese momento de gritos en el que te viste envuelta con tu hijo de cuatro años la semana pasada y que te preocupaba por si le había marcado… Hace siglos que él lo ha olvidado, ni se acuerda. No les hacemos daño con cada cosa que hacemos. Especialmente porque vuestros buenos momentos juntos superan a los malos.

Volverás a dormir de tirón, lo harás

Tal vez no mañana, ni pasado mañana, pero te aseguro que volverás a dormir nuevamente. Durante toda la noche. De Verdad. Sé que no me crees, pero sucederá. Algún día.

Disfruta de tu tiempo en familia

diversión en familia

¿Es necesario llevar a los niños a TODAS las fiestas de cumpleaños a las que los invitan? Llévalo a los cumpleaños de sus verdaderos amigos, de los amigos más cercanos. Omite los otros. Y no te vuelvas loca con actividades. ¿Qué problema hay en que empiece a ir a fútbol a los ocho años, en lugar de a los cuatro (¡o a los dos!), eso no va a poner a tu hijo en desventaja con respecto a otros. Solo tienes 676 fines de semana con tu hijo antes de que cumplan 13. Aprovéchalos al máximo.

Trata a tu hijo como te gusta que te traten a ti

Pregúntate: si accidentalmente tiro un vaso de leche, ¿me gustaría que me regañaran? Si tengo sueño y me pongo un poco pesado, ¿me gustaría tener un tiempo de margen? Y sé que lo sabes, pero nunca le mientas a tu hijo, incluso una pequeña mentira. Tu hijo te tratará con respeto siempre y cuando también se le muestre respeto.

Abrázalo y bésalo siempre que puedas

Cuando tu hijo se convierta en un preadolescente, sus abrazos serán un poco menos frecuentes y los besos casi inexistentes. Él todavía querrá que se los des (confía en mí en esto, lo sé) pero no esperes que él te los de a ti. No tan frecuentemente al menos. Disfruta de ese afecto desenfrenado que tienen siendo niños mientras puedas.

Lo echarás de menos cuando ya no esté

Sé que es agotador despertar con el cuerpo de un niño de cuatro años sobre tu brazo derecho a las 5 de la madrugada. Pero confía en mí: lo vas a echar de menos. También vas a extrañar que te pida que le acaricies el pelo para dormirse, o ser el que se siente a tu lado vayas donde vayas. Todas estas cosas le ayudan a sentirse conectado contigo. Recuerda que hay una última vez para todo. Nunca se sabe cuándo será la última vez.

Estos son los consejos que me daría a mí misma después de vivir mis primeros trece años de maternidad. Veamos qué me deparan los próximos 13.

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